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La venezolana Alejandra dueña del sable en el Villa de La Habana

ABELARDO OVIEDO

Muchos quedaron boquiabiertos cuando la venezolana Alejandra Benítez propinó el último golpe a la japonesa Seira Nakayama, para agenciarse por 15-5 toques la medalla de oro del clásico de esgrima Villa de La Habana, evento que acoge el hotel Habana Libre Tryp.
Benítez, una joven que recién empieza a competir en la categoría de mayores, demostró en la pistilla instalada en el vestíbulo de la famosa instalación turística, por qué alcanzó tantos lauros en la categoría juvenil y es la primera latinoamericana en adjudicarse el cetro del fortísimo concurso.
De cara al titulo de la justa anual, la jovencita afrontó el reto que propuso la nipona Sacura Kaneco. En ese asalto ella consiguió pronto una ligera ventaja, pero como no pudo impedir que la rival se introdujera bien en la distancia, confrontó problemas para evadir comprometedoras situaciones.
Entonces, desde la parte sudamericana se escucharon orientaciones: “No importa el resultado, provócala y luego ejecuta una parada y riposta. Mueve rápido la mano en la última parte de la acción". Ella compendió y selló su triunfo por 15-14 toques.
Después, ante la Nakayama, vencedora de la canadiense Julie Cloutier 15-11, aplicó la misma estrategia y las cosas le resultaron sumamente fáciles. Nunca estuvo cercana a la ansiedad competitiva que produce el no poder asestar la estocada definitiva.
Tras el debate Benítez comentó: “Yo no soy una reina que tenían escondida. No participé en los I Juegos Deportivos del Alba, ni en la I Copa Iberoamericana porque, primero, estaba en casa; y segundo, porque llegué tarde a La Habana.
“En los dos combates siempre traté de ejecutar ataques seguros, lo que siempre practico en los entrenamientos. Pocas veces encuentro a tiradoras asiáticas, pero conozco de su velocidad. Por esa razón impedí que Nakayama se desplazará con su amplitud acostumbrada. Vine a competir y a divertirme haciendo una buena esgrima.”

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