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Un bronce muy dorado

Un bronce muy dorado ABELARDO OVIEDO

FOTO TOMADA DEL SITIO DE LA FIVB

Muchas veces ocupar el tercer escaño en los eventos deportivos es censurado por lo más ácidos aficionados. Pero ni estos podrían ahora emitir un parecer discordante, tras el éxito de Cuba ante Polonia 3-2 sets (25-23, 22-25,26-24,25-18,15-13) en la discusión de la tercera plaza de la XVI Liga Mundial de Voleibol.
Los integrantes del seleccionado nacional se entregaron en cada una de las 12 jornadas de la ronda preliminar y en la conclusiva, y por eso llegaron más lejos de lo pronosticado por los observadores acostumbrados a evaluar el desempeño de los equipos en formación.
Si se enjuicia su comportamiento desde un ángulo, nuestros muchachos fueron los máximos ganadores en la justa, porque casi ninguno de ellos había transitado por la experiencia de competir en el último tramo de la cita anual.
Ahora comprobaron, aún más, la trascendencia de prestarle suma atención a la ejercitación destinada al recibo; y de ser inseparables amigos de los contraataques letales, pues ninguno de sus adversarios: Polonia (2-3), Brasil (1-3) y Polonia (3-2) les perdonaron sus insuficiencias, especialmente en los momentos decisivos de los cotejos.
También elevaron su visión del deporte. La filosofía de juego de los adversarios en la final coincidió en algunos puntos, pero fue diferente en otros. Ellos replicaron con bastante acierto en una encrucijada en la que solamente tienen éxito los voleibolistas con mucha estancia dentro de los terrenos pertenecientes al alto relieve.
Pero no solo ellos regresan a la mayor isla de las Antillas con nuevas buenas. El colectivo técnico que conforman la tríada Roberto García, Antonio Perdomo y Raúl Diago, acusaron más tendencia a la flexibilidad en el segmento decisivo y, en reiteradas ocasiones, sustituyeron a jugadores claves de la sexteta abridora (Raidel Poey y Yasser Portuondo), cuyos rendimientos disminuían la posibilidad de ser uno de los tres elencos grandes de la justa luego de tres campañas de espera.
El 10 de julio de 2005 se convierte en una fecha distinguida para el voleibol cubano. Significa la coronación de un compromiso hecho en el centenario de la llegada de la disciplina a nuestro archipiélago. Y la realidad de que un equipo como el nuestro siempre regresa pronto a los primeros planos, no obstante las adversidades.
El mayor protagonista por Cuba en la jornada de cara o cruz fue Henry Bell con 21 puntos. Lo escoltaron Osmany Juantorena (15), Pavel Pimienta (15), Odelvis Dominico (12), Raidel Poey y Tomás Aldazábal, 10 unidades cada uno. Pero todavía falta por conocer el quehacer sobre el rectángulo de Oriol Camejo y Roberlandi Simón, por solo citar a algunos, porque ellos también pertenecen a la denominación “grandes talentos”.
En los próximos días se conocerán otra vez los severos análisis de los expertos. De nuevo el técnico brasileño Bernardo Rezende, se les adelantó: “En la Copa Panamericana de agosto, Cuba será un rival muy difícil para mi equipo”.
Dudo que los observadores sean duros en juzgar el desarrollo de Cuba en el cumpleaños 16 de la cita anual. Tal vez adviertan a los otros DT que todavía mantengan una postura displicente, ante lo realizado por el elenco cubano en la polideportiva de la capital serbiomontenegrina.

SIGUE VESTIDO DE VERDE Y AMARILLO

El voleibol, clasificación masculina, sigue vestido de verde y amarillo. El equipo de Brasil superó a su similar de Serbia y Montenegro por 3-1 sets (14-25, 25-14, 25-19, 25-16), y refrendó el título.
El encuentro entre auriverdes y serbiomontenegrinos rememoró la discusión del cetro acontecido hace dos temporadas en Madrid, y en el que también sobresalieron los alumnos de Bernardo Rezende.
Como jugaban en casa y sus astros tuvieron la posibilidad de descansar durante varias semanas, los analistas consideraban que la historia sería más difícil para los sudamericanos. Quizás las pupilas se ensancharon un tanto cuando el primer marcador ofreció unos guarismos favorables a los anfitriones.
Entonces, la torcida brasileña volvió a jugar su rol, pues tomó la decisión de hacer sonar más sus tambores para invitar a sus paisanos a recobrar la conducta que les propició acceder a la cima en el Campeonato Mundial del 2002, en las versiones ligueras 2001, 2003 y 2004, así como en los Juegos Estivales de Atenas.
Y como ningún deportista de aquel país la desconoce, Dante Almaral (15 puntos), Gustavo Endres (13 puntos), Gilberto Godo (Gyba) (9), Henrique, Rodrigo y Ricardo, por citar a algunos de los grandes jugadores brasileños del momento, desataron una actuación que les impidió a sus rivales concentrarse para construir una réplica adecuada, que le ofreciera alguna oportunidad para desafiarlos. Así los campeones olímpicos también accedieron a su victoria 200 y al pentacampeonato en el evento anual.

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